Fue
en la Mezquita de Córdoba. Estábamos de vacaciones: cuatro o cinco días.
Habíamos cogido el AVE y nos habíamos plantado en Córdoba. Reservamos un hotel
entre la estación del tren y el centro de la ciudad. Íbamos andando a pasear
por la ciudad y a ver lo que hay que ver en Córdoba, que es mucho. Siempre nos
ha gustado descubrir las ciudades andando. En aquella época, ella todavía no
necesitaba bastón para andar, ni siquiera necesitaba agarrarse de mi brazo.
Podía caminar, pasear, visitar, sin grandes problemas. Pero, a veces, había que
pararse a descansar, a que las piernas recuperaran la normalidad. Así que no
podíamos planificar grandes recorridos por la ciudad que nos obligaran a estar
mucho tiempo dando vueltas.
La
mañana que fuimos a la Mezquita, fuimos andando, claro, siempre andando.
Entramos en el edificio, y a mano izquierda entreví unas sillas de ruedas, tres
o cuatro. Empezamos a caminar y a maravillarnos de la belleza de lo que
estábamos viendo. Aquello era magnífico, magnífico y grande, muy amplio, muy
inmenso. Y, de repente, se me encendió la lucecita. Volví a la entrada y
pregunté a la persona que se encargaba de controlar el acceso si las sillas de
ruedas eran para uso de todo el mundo. Me dijo que sí, que estaban a
disposición de la gente. ¡Bingo!
Cogí
una silla, la senté a ella y estuvimos cinco horas dando vueltas por la
Mezquita. Salimos de allí a media tarde. Se nos había pasado la hora de comer y
ni hambre teníamos. Maravillados, extasiados, llenos de la belleza de ese
monumento… y encantados de haber ‘descubierto’ la silla de ruedas.
Fue
la primera vez que ella la usó. Tardó mucho en volver a usarla, tardó mucho en
necesitarla de forma recurrente, pero creo que aquel momento fue clave. En la
Mezquita pusimos la primera piedra; en la Mezquita se nos quitó la aprensión,
si es que puede decirse así, a utilizar ayudas extras; en la Mezquita dimos el
primer paso para entender que la vida podía seguir a pesar de la esclerosis
múltiple, a otro ritmo, con otras perspectivas, con algunas ayudas, pero podía
seguir.
En la
Mezquita de Córdoba fue.
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