Así
es como lo llaman los médicos en su terminología médica: parestesias. Un
enfermo de esclerosis múltiple lo llamará hormigueo, cosquilleo, acorchamiento,
pinchazo, ardor, picor, comezón… Son las sensaciones raras que produce esta
enfermedad en la piel. Y algunas son permanentes, duran y duran y duran, y no
hay forma de quitárselas de encima.
Recuerdo
que, al principio de la enfermedad, ella me decía que se le había dormido un
dedo y parte de la mano, que tenía una sensación rara, que no se le iba, que
mejor no la cogiera de la mano. ¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación de
que se le ha dormido un brazo o una pierna? ¿Quién no ha tenido hormigueo en
algún miembro de su cuerpo? Pues eso es lo mismo, lo que pasa que con la
sensación amplificada y sin visos de que vaya a remitir.
Hace
ya tiempo que no hablamos del asunto, pero desde hace años, muchos, mi mujer
tiene acorchada una parte de la mano, que, en consecuencia, ha perdido el
tacto; tiene sensaciones irritantes en parte de la espalda y el costado; da un
respingo cada vez que algo terminado en punta (un lápiz, por ejemplo) la roza
en el brazo, lo que para ella es lo mismo que un pinchazo… Todas ellas,
sensaciones incómodas, nada agradables por su intensidad y, sobre todo, por su
persistencia.
Por
supuesto, con el tiempo ha tenido que aprender a convivir con ellas. ¡Qué
remedio! ¡No queda otra! Y yo también he tenido que aprender. ¿Cómo? Pues,
reprimiéndome las ganas de acariciarla, porque sé que, inconscientemente, ella
―bueno, su cuerpo― va a rechazar mis caricias. Y me ha costado horrores, porque
a mí siempre me ha encantado tocar, palpar, acariciar, sobar, manosear… pero, con
el tiempo, te vas acostumbrando a no hacerlo. ¡Qué remedio! ¡No queda otra!
No hay comentarios:
Publicar un comentario