Sí. Por fortuna, la cosa no fue a
mayores, pero le pillé la mano con la puerta de la cocina. Como ya he dicho
otras veces, en casa se mueve en silla de ruedas o, cuando va andando,
sujetándose en los muebles, las paredes o las puertas. Estábamos en la cocina
con la puerta cerrada. Habíamos estado cocinando, con lo que la campana
extractora estaba en marcha. Ella siempre tiene la impresión de que la campana
funciona mejor con las puertas cerradas, que así aspira mejor los vapores y
olores. Yo le suelo decir que da igual cerrar la puerta o dejarla abierta, que
una puerta cerrada nunca está cerrada herméticamente, que siempre hay un
resquicio por donde entrará el aire del pasillo o de la pieza que haya al otro
lado. El caso es que ya habíamos terminado de cocinar y salíamos de la cocina,
ella delante de mí. Como la campana todavía estaba en marcha, procurábamos
salir deprisa para que los vapores y olores no se expandieran por el resto de
la casa. Ella salió a su ritmo, sujetándose en los muebles de la cocina y en la
puerta, en el quicio de la puerta, concretamente. Yo iba detrás, casi pegado a
ella, casi empujándola para poder cerrar la puerta cuanto antes, con prisa. La
mala pata quiso que yo cerrara la puerta cuando ella todavía no se había soltado
del quicio. Le pillé la mano izquierda, media mano, el meñique y el anular. El
grito que pegó debió de oírse en la calle. Igual que debieron de oír los
vecinos de abajo el golpe que dio al caer al suelo de rodillas por el dolor.
Los sollozos no creo que llegaran a oírlos. Estuvo un rato agachada,
inconsolable, en mala postura, sin poder moverse por el dolor. Mientras tanto,
en ese rato, que no creo que llegara ni siquiera a un minuto, pero que me
pareció una eternidad, yo tenía el alma rota.
Cuando el dolor se calmó un poco, había
que levantarse, había que levantarla. No es fácil para ella, levantarse del
suelo. No sirve de nada intentar ayudarla a lo bruto, por decirlo así: cogerla
de las axilas y tirar hacia arriba. No. Tiene que seguir su proceso: buscar un
apoyo para las manos, ponerse de rodillas, apoyar un pie, empujar hacia arriba…
Se lo enseñó una fisio hace tiempo, y le va bien. Más o menos. En ocasiones ―y
esa era una de ellas―, necesita ayuda para doblar la pierna y conseguir apoyar
el pie en el suelo. Y, una vez hecho eso, ayudarla a levantarse para que no se
desequilibre también le va bien.
En fin, el accidente no pasó a mayores…
pero el susto fue morrocotudo.