lunes, 26 de marzo de 2018

Cayose


Pues sí. Se cayó. Volvió a caerse. Hace ya unos días. Cosas del equilibrio, ese equilibrio puñetero. O, mejor dicho, ese desequilibrio puñetero. No es la primera vez, ni será la última. Estaba en la terraza, tratando de colgar la fregona de su gancho… y se fue para atrás. Lo hace a diario, pero esta vez se desequilibró y se cayó. No sé si sería por el viento huracanado que soplaba o por otra cosa, pero el caso es que esta vez se desequilibró y se cayó. Lo bueno es que no se hizo más que un raspón en un brazo cerca del codo. Un agujero en la manga y un raspón. Lo malo es que estaba sola en casa y nadie pudo ayudarla a levantarse. Según me contó más tarde, se lo tomó con calma. Como vio que no podía incorporarse rápidamente, se colocó bien, se tumbó boca arriba y dejó pasar un tiempo. Luego, se arrastró para entrar en casa y, una vez dentro, se apoyó en una banqueta para incorporarse y sentarse en el sofá. Allí la encontré yo. Le curé el raspón, que, la verdad, era bastante aparatoso: alargado y ancho, pero, por fortuna, superficial en su mayor parte; solo tenía unas gotas de sangre en un extremo. Agua oxigenada, mercromina… y listos.

Con los días, el raspón se va curando, ya no supura, pero se le va formando alrededor un moratonazo de órdago. También le han salido un par de moratones más en el otro brazo y en la espalda, pero nada grave. Esperemos que todo se quede en eso.

Yo procuro ser positivo y no echarle la bronca, pero no puedo evitar preguntarle por qué ese empeño en hacer cosas que puede hacer otra persona, para qué arriesgarse. Sí, no puedo evitarlo… aunque sé que, si yo estuviera en su lugar, haría exactamente lo mismo.



viernes, 2 de marzo de 2018

Sin novedad en el frente


La vida sigue con su rutina, y nosotros seguimos la rutina de la vida. No hay grandes novedades: unos días, un poco mejor; otros días, un poco peor. Ayer llovía y hacía frío; hoy no llueve todavía y hace menos frío. El fin de semana se presenta con pocas variaciones… si no es el hecho de que yo no trabajo los fines de semana y los dos podemos pasar más tiempo juntos. Pero, vamos, será un fin de semana tranquilo, como lo son casi todos últimamente, especialmente con este tiempo invernal.

Nada destacable. Nada que destacar. Y uno se pregunta si eso no es una buena noticia. Mejor una rutina controlada que un sobresalto. Ya ha habido suficientes y, seguro, ya habrá otros más. Así que la rutina no es mala cosa, y lo de ‘que me quede como estoy’, tampoco.