Sí,
le ha pasado unas cuantas veces. Se levanta del sofá o de la silla, se pone a
andar a la vez que se gira para coger algo o para hablarme o para lo que sea… y
el equilibrio se le va al carajo. Sí, es un asunto de equilibrio, la esclerosis
también afecta al equilibrio. Total, que se ha caído unas cuantas veces. Por
fortuna, suele ser en casa, con lo que las consecuencias son menos ‘dramáticas’,
por decirlo así. Si yo o alguna otra persona está presente, podemos ayudarla,
no a levantarse, porque eso tiene que hacerlo ella siguiendo la pauta que le
han dado, pero sí podemos acercarle algún punto de apoyo o colocarle bien los
pies para que pueda iniciar la maniobra de levantarse. Si no hay nadie con
ella, pues igual le toca quedarse un rato en el suelo, ir modificando su postura
para estar menos incómoda y, cuando ha recuperado fuerza y ganas, empezar a
levantarse.
Una
vez se cayó en el rellano de la escalera al levantarse de la silla de ruedas
para abrir la puerta de casa. Perdió el equilibrio y se quedó aprisionada entre
la silla de ruedas y la puerta del ascensor. No podía moverse bien para
intentar incorporarse. En casa no había nadie. Así que se las apañó para coger
el teléfono y llamar a una vecina para que le echara una mano.
Por
fortuna, sus caídas no han tenido más consecuencias que algunos moratones,
algunos moratones enormes, en distintas partes del cuerpo (nalgas, espalda,
brazos…) y poco más. Ni huesos rotos ni esguinces ni torceduras. ¡Que siga
siendo así! Ella dice que lo que pasa es que ha aprendido a caerse, que, cuando
se está cayendo, gira el cuerpo para caer de culo, que no deja de ser la parte
más mullida que tiene… Y nos echamos unas risas.
No
sé cómo aún puede tomárselo así.
Nosaltres l´admirem per això mateix i perquè no perd mai les ganes de fer coses.
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