El
invierno es mala época para mucha gente y, en especial, para los enfermos crónicos:
menos horas de luz, más frío, menos sol, más tiempo en casa, menos alegría en
el ambiente, menos actividad social… Todo ayuda a que uno se concentre más en
sí mismo y en su entorno inmediato, a que piense más en su vida, su enfermedad,
su futuro. Y eso hace que uno no deje de darle vueltas a la cabeza más de la
cuenta, demasiado.
A
ella le ocurre, y se pone siempre en lo peor. No sé si es bueno o malo eso de
ponerse en lo peor. En ocasiones, puede ser bueno: te ayuda a anticipar cosas,
a prever lo que puede pasar, a dar pasos en la dirección adecuada con vistas al
futuro. Pero también puede ser malo, remalo: te viene una idea a la cabeza, que
casi siempre es una mala idea en esos momentos (del estilo ‘¿qué haría si me
quedara sola?’), te obcecas con ella, le das vueltas, no encuentras respuestas,
soluciones satisfactorias, lo ves todo negro… y no sales del hoyo.
Ella
pasa ahora por esa época.
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