Ahora
que va llegando el buen tiempo, empieza uno a pensar en el verano, en el calor
que va a hacer aquí en Madrid y en que no estaría mal alejarse unos días a
territorios menos tórridos. No siempre lo hemos hecho, pero es verdad que una
temperatura ambiental no tan elevada hace que ella se encuentre mejor. Ahora
bien, no es fácil encontrar un lugar que reúna las dos premisas básicas necesarias:
poco calor (cuanto menos, mejor) y adaptado para silla de ruedas (o, al menos,
con no demasiados obstáculos).
Hace un par de veranos
estuvimos en Suiza. Unos amigos británicos habían adquirido allí una casa y
aprovechamos su invitación para ir unos días. La casa está en un pueblo de
montaña. Bueno, el pueblo está a la ribera del río Ródano, pero tiene montaña
para dar y tomar. Imagínate el río, la carretera, la vía del tren y el pueblo
todo en el mismo sitio (digamos, en unos cien metros de ancho) y, luego,
montaña por los dos lados. La casa de nuestros amigos está en una de las
laderas y, desde ella, se divisa el río alláááááá abajo. En fin, un lugar ideal
para no pasar mucho calor, rodeado de árboles y bosque, con vistas maravillosas
miraras donde miraras… Total que para allá que fuimos. Hicimos el recorrido en
coche, sin prisas, a ritmo tranquilo: un par de paradas y varias noches por el
camino. Y lo mismo a la vuelta, aunque con menos noches.
Llegar hasta la casa
fue un pelín complicado, porque el último tramo no era practicable para el
coche y tuvimos que hacer unos cincuenta metros de cuesta andando. No supuso un
problema. En aquel momento ella estaba mejor y pudo llegar a la casa sin
mayores inconvenientes. Además, parecía que el clima, menos caluroso, le
sentaba mejor. Pero no fue así… y no sabemos por qué. Hacía bastante menos
calor que en Madrid; las actividades seguían siendo igual de relajadas, si no
más; ambos estábamos encantados y felices… pero ella no estaba mejor de su movilidad:
las piernas no le respondían adecuadamente. ¡Y no sabemos por qué!
Al final concluimos
que sería por la altitud: echando cálculos así un poco a bulto, la casa de
nuestros amigos debe de estar a unos 850 metros de altitud, unos 200 metros más
alta que Madrid. Igual fue eso. La cuestión es que, en el viaje de vuelta,
cuando hicimos noche en una zona de Francia casi a nivel del mar, ella se
sintió mucho mejor… y eso que allí abajo hacía más calor.
En fin, que por mucho
que mires y preveas las cosas, nada te garantiza que todo vaya a salir bien. Nadie,
nunca.
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