martes, 7 de noviembre de 2017

Ella hace la compra

Desde hace un montón de tiempo. Cualquier cosa que falte, se coge la silla de ruedas y al súper que va. Y no le importa si tiene que salir varias veces o si tiene que ir a varios súper. Más que una obligación o un rollo, para ella es un entretenimiento. Antes, en el antiguo régimen ―léase antes de que la esclerosis múltiple le complicara la movilidad―, no era así: la compra la hacíamos entre los dos; a veces, juntos; a veces, ella sola; a veces, yo solo. No había consignas al respecto. Ahora, tampoco hay consignas, pero casi siempre es ella sola la que va a comprar. En ocasiones, yo me ofrezco, pero suele rechazar mi ofrecimiento. Como mucho, permite que la acompañe o me pide que la acompañe. Pero ella quiere ir, quiere salir.

Pasa lo mismo que con la cocina. Antes, en el antiguo régimen, yo solía cocinar algunas veces; ahora, casi nunca. Antes, había algunos platos que eran de mi factura; ahora, quitando las ensaladas, los huevos fritos y las tortillas, me parece que no preparo ninguna comida más. Si ella quiere hacerlo, que lo haga.

Me esfuerzo por entender qué debe sentir al ir renunciando poco a poco a las cosas de antes, a las ocupaciones de antes, ir perdiendo batallas una tras otra, y me digo que no tengo que impedirle que procure retrasar esa renuncia lo más posible. Aunque a veces me duela.


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