Sigue prefiriendo la bañera a la ducha, y el
otro día tuve que ayudarla a entrar en la bañera. La pierna derecha no le da
para flexionarla lo suficiente, levantarla y salvar la altura de la bañera.
Luego, también tuve que ayudarla a salir. En el momento, no entiendo esa
resistencia suya a pasarse a la ducha adaptada que tenemos en el otro cuarto de
baño. Podría entrar y salir sin problemas, porque está a ras de suelo. Además,
tenemos un asiento, que ya usábamos con su padre, que cumple su función a las
mil maravillas. No consigo entenderlo. Más tarde, reflexiono y me digo que
probablemente lo considera una batalla más… y no quiere perderla. Al menos no
todavía.
La esclerosis múltiple es una enfermedad de
perder batallas, de renuncias, si quieres. Una detrás de otra. Y por eso debo
entender su resistencia a no dejarse ganar de buenas a primeras. Me cuesta,
porque la veo sufriendo y sufro yo también, pero creo que debo respetar sus
tiempos, sus decisiones. Ya llegará el momento en que ella misma se dé cuenta
de la necesidad de pasarse a la ducha. No tengo que achucharla. Ya llegará a la
conclusión cuando tenga que llegar.
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