No es fácil para ella. Hemos estado en un segundo piso
sin ascensor y… le ha costado más que otras veces. Hace ya tiempo que no sube
las escaleras de forma normal, como tú y como yo. Quiero decir que no sube
poniendo un pie en un escalón y el otro pie en el siguiente escalón, dando
pasos. La espasticidad de las piernas no se lo permite. Sube poniendo un pie en
un escalón y, luego, pone el otro pie en el mismo escalón… y muy poco a poco.
Con lo cual, subir a un segundo piso es tarea ardua. Esta vez he tenido que
ayudarla más de la cuenta. Yo normalmente me encargo de subir la silla de
ruedas. Antes, iba a su ritmo y subíamos los dos juntos. Hace ya un tiempo que
subo directamente la silla sin esperarla y, luego, vuelvo a su lado por si
necesita ayuda para subir. La última vez ya tuve que ayudarla casi desde el
principio: cogerle la pernera del pantalón y levantarle el pie, el segundo, de
un tirón para ponerlo en el escalón. Cansado. Para ella y para mí. Pero es la
forma de hacerlo: o eso o no subir. No hay otra.
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