domingo, 3 de septiembre de 2017

Subir escaleras

No es fácil para ella. Hemos estado en un segundo piso sin ascensor y… le ha costado más que otras veces. Hace ya tiempo que no sube las escaleras de forma normal, como tú y como yo. Quiero decir que no sube poniendo un pie en un escalón y el otro pie en el siguiente escalón, dando pasos. La espasticidad de las piernas no se lo permite. Sube poniendo un pie en un escalón y, luego, pone el otro pie en el mismo escalón… y muy poco a poco. Con lo cual, subir a un segundo piso es tarea ardua. Esta vez he tenido que ayudarla más de la cuenta. Yo normalmente me encargo de subir la silla de ruedas. Antes, iba a su ritmo y subíamos los dos juntos. Hace ya un tiempo que subo directamente la silla sin esperarla y, luego, vuelvo a su lado por si necesita ayuda para subir. La última vez ya tuve que ayudarla casi desde el principio: cogerle la pernera del pantalón y levantarle el pie, el segundo, de un tirón para ponerlo en el escalón. Cansado. Para ella y para mí. Pero es la forma de hacerlo: o eso o no subir. No hay otra.


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