domingo, 3 de diciembre de 2017

100 metros

Es el título de una película sobre un enfermo de esclerosis múltiple al que, cuando le diagnosticaron la enfermedad, le dijeron que, en algunos meses, no podría andar ni 100 metros. El hombre no se conforma con eso (“Rendirse no es una opción” es el subtítulo de la película) y se establece como objetivo hacer un triatlón ‘ironman’ al cabo de un año. La película cuenta esa historia, desde que aparece la enfermedad hasta que consigue completar el triatlón.

La película salió hace un año y, como se basa en un caso real, los medios de comunicación se hicieron eco de las palabras del protagonista real, que relataba su historia. Yo recuerdo haberlo oído entonces y haber torcido el gesto. No me cuadraba lo que contaba. No podía comprenderlo. Conociendo como conocía de primera mano ―bueno, de segunda mano― la enfermedad, no podía imaginarme a alguien en la situación de mi mujer correr ni siquiera los 100 metros. Recuerdo que pensé que no me apetecía nada ver la película y que esa historia, aunque fuera cierta y digna de una película, no iba a hacer ningún bien a los enfermos de esclerosis múltiple: quienes vean la película van a pensar ―pensé― que superar la enfermedad es cuestión de fuerza de voluntad. ¡¡¡Y no es así!!! ¡¡¡En absoluto!!!

Hace un par de días, vi la película en casa. Ella sacó el deuvedé de la biblioteca y la vimos los dos juntos después de cenar. Bueno. No deja de ser una película. Basada en un caso real, pero una película. Sobre una historia de superación, pero una película. Hay algunas cosas, médicas, que quedan bastante confusas: pruebas, tratamientos, secuelas… Pero bueno, tampoco hay que ser demasiado puristas, es una película. Procuré verla con distanciamiento, pero no siempre lo conseguí. Sí lo conseguí en todo lo relacionado con la preparación del triatlón: me parecía tan poco real que me lo tomé como una película. No pude distanciarme tanto, sin embargo, de todo lo relacionado con la familia: cómo cambia la vida, cómo cambian las relaciones, las perspectivas, los proyectos…

La película termina con el protagonista llegando a la meta en su primer triatlón ‘ironman’. A continuación, aparecen en la pantalla unos textos en los que se explica el número de triatlones y carreras varias que el protagonista real ha logrado completar. ¡Uf! ―pensé― más leña al fuego. Menos mal que en una de las escenas, cuando la médica le comunica al prota el diagnóstico y el prota le hace preguntas sobre cómo le va a afectar y qué debe esperar de la enfermedad, ella le dice eso tan manido de que la esclerosis múltiple es la enfermedad de las mil caras, porque afecta de forma diferente a cada persona.

Tan manido y, sin embargo, tan real. Quédense con eso, señores espectadores. No todos los enfermos de esclerosis múltiple son así.


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