Es
el título de una película sobre un enfermo de esclerosis múltiple al que,
cuando le diagnosticaron la enfermedad, le dijeron que, en algunos meses, no
podría andar ni 100 metros. El hombre no se conforma con eso (“Rendirse no es
una opción” es el subtítulo de la película) y se establece como objetivo hacer
un triatlón ‘ironman’ al cabo de un año. La película cuenta esa historia, desde
que aparece la enfermedad hasta que consigue completar el triatlón.
La
película salió hace un año y, como se basa en un caso real, los medios de
comunicación se hicieron eco de las palabras del protagonista real, que
relataba su historia. Yo recuerdo haberlo oído entonces y haber torcido el
gesto. No me cuadraba lo que contaba. No podía comprenderlo. Conociendo como
conocía de primera mano ―bueno, de segunda mano― la enfermedad, no podía
imaginarme a alguien en la situación de mi mujer correr ni siquiera los 100
metros. Recuerdo que pensé que no me apetecía nada ver la película y que esa
historia, aunque fuera cierta y digna de una película, no iba a hacer ningún
bien a los enfermos de esclerosis múltiple: quienes vean la película van a
pensar ―pensé― que superar la enfermedad es cuestión de fuerza de voluntad.
¡¡¡Y no es así!!! ¡¡¡En absoluto!!!
Hace
un par de días, vi la película en casa. Ella sacó el deuvedé de la biblioteca y
la vimos los dos juntos después de cenar. Bueno. No deja de ser una película.
Basada en un caso real, pero una película. Sobre una historia de superación,
pero una película. Hay algunas cosas, médicas, que quedan bastante confusas:
pruebas, tratamientos, secuelas… Pero bueno, tampoco hay que ser demasiado
puristas, es una película. Procuré verla con distanciamiento, pero no siempre
lo conseguí. Sí lo conseguí en todo lo relacionado con la preparación del
triatlón: me parecía tan poco real que me lo tomé como una película. No pude
distanciarme tanto, sin embargo, de todo lo relacionado con la familia: cómo
cambia la vida, cómo cambian las relaciones, las perspectivas, los proyectos…
La
película termina con el protagonista llegando a la meta en su primer triatlón
‘ironman’. A continuación, aparecen en la pantalla unos textos en los que se
explica el número de triatlones y carreras varias que el protagonista real ha
logrado completar. ¡Uf! ―pensé― más leña al fuego. Menos mal que en una de las
escenas, cuando la médica le comunica al prota el diagnóstico y el prota le
hace preguntas sobre cómo le va a afectar y qué debe esperar de la enfermedad, ella
le dice eso tan manido de que la esclerosis múltiple es la enfermedad de las
mil caras, porque afecta de forma diferente a cada persona.
Tan
manido y, sin embargo, tan real. Quédense con eso, señores espectadores. No
todos los enfermos de esclerosis múltiple son así.
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