domingo, 24 de diciembre de 2017

En París fue

No poder controlar los esfínteres, ambos esfínteres, es también un efecto de la esclerosis múltiple. Y ella ha pasado ya por esa etapa. Bueno, hablo de etapa porque hubo una época en su vida que era realmente un problema acuciante. Ahora, el problema es menor, apenas tiene ‘accidentes’, casi ninguno, ni mayores ni menores. La verdad es que no recuerdo cuándo fue el último. De todas maneras, nunca hay que descuidarse: pasar por el baño antes de salir de casa y tener controlada la ubicación de los aseos cuando uno está fuera de casa es una buena estrategia. Cuando la necesidad de ir al baño aprieta, no hay mucho margen de tiempo para actuar.

En aquella época, todavía no usaba silla de ruedas. Luego, ya con la silla de ruedas, nos hemos dado cuenta de que, al estar sentada, los ‘accidentes’ mayores son menos frecuentes, porque la presión de la silla ayuda a aguantar. Pero entonces, ella caminaba, y la presión, si había alguna, la ejercía el pantalón que llevara puesto.

No recuerdo con claridad otros ‘accidentes’, que los hubo, pero sí me acuerdo del de París. Estábamos de vacaciones y nos fuimos allí unos días. No creo que llegara a una semana. Estábamos en un hotel a unos diez minutos o así andando de la boca de metro más cercana. Por supuesto, nos movíamos en metro y autobús y andando. Nada de taxis. Siempre nos ha gustado pasearnos las ciudades: es la mejor forma de conocerlas.

El caso es que un día, de vuelta ya hacia el hotel, la urgencia se presentó. Ya habíamos salido del metro y caminábamos por la calle. Preocupación, intranquilidad, desasosiego, inquietud, angustia, ansiedad, pavor, pánico… En cinco minutos pasamos, los dos, por todo eso. Yo intenté acortar el recorrido para llegar cuanto antes, me equivoqué y dimos una vuelta tonta. Ella no estaba para nada más que para aguantarse y aguantarse, pero el hecho de andar no la ayudaba mucho. Llegamos al hotel con el ‘accidente’ mayor consumado.

En esos momentos, lo que toca es calmarla, tranquilizarla, decirle que es un accidente y solo un accidente, ayudarla a lavarse y a lavar la ropa…Luego, antes de que la inseguridad se instale en su cabeza y la coarte todavía más que la maldita enfermedad, hablar del asunto, buscar la explicación, encontrar una respuesta y, por supuesto, planear lo que vamos a hacer al día siguiente o esta misma noche… En definitiva, procurar que el mal rato pasado se quede en el pasado. Y seguir adelante.


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