No
poder controlar los esfínteres, ambos esfínteres, es también un efecto de la
esclerosis múltiple. Y ella ha pasado ya por esa etapa. Bueno, hablo de etapa
porque hubo una época en su vida que era realmente un problema acuciante.
Ahora, el problema es menor, apenas tiene ‘accidentes’, casi ninguno, ni mayores
ni menores. La verdad es que no recuerdo cuándo fue el último. De todas
maneras, nunca hay que descuidarse: pasar por el baño antes de salir de casa y tener
controlada la ubicación de los aseos cuando uno está fuera de casa es una buena
estrategia. Cuando la necesidad de ir al baño aprieta, no hay mucho margen de
tiempo para actuar.
En
aquella época, todavía no usaba silla de ruedas. Luego, ya con la silla de
ruedas, nos hemos dado cuenta de que, al estar sentada, los ‘accidentes’ mayores
son menos frecuentes, porque la presión de la silla ayuda a aguantar. Pero
entonces, ella caminaba, y la presión, si había alguna, la ejercía el pantalón que
llevara puesto.
No
recuerdo con claridad otros ‘accidentes’, que los hubo, pero sí me acuerdo del
de París. Estábamos de vacaciones y nos fuimos allí unos días. No creo que
llegara a una semana. Estábamos en un hotel a unos diez minutos o así andando
de la boca de metro más cercana. Por supuesto, nos movíamos en metro y autobús
y andando. Nada de taxis. Siempre nos ha gustado pasearnos las ciudades: es la
mejor forma de conocerlas.
El
caso es que un día, de vuelta ya hacia el hotel, la urgencia se presentó. Ya
habíamos salido del metro y caminábamos por la calle. Preocupación,
intranquilidad, desasosiego, inquietud, angustia, ansiedad, pavor, pánico… En
cinco minutos pasamos, los dos, por todo eso. Yo intenté acortar el recorrido
para llegar cuanto antes, me equivoqué y dimos una vuelta tonta. Ella no estaba
para nada más que para aguantarse y aguantarse, pero el hecho de andar no la
ayudaba mucho. Llegamos al hotel con el ‘accidente’ mayor consumado.
En
esos momentos, lo que toca es calmarla, tranquilizarla, decirle que es un
accidente y solo un accidente, ayudarla a lavarse y a lavar la ropa…Luego,
antes de que la inseguridad se instale en su cabeza y la coarte todavía más que
la maldita enfermedad, hablar del asunto, buscar la explicación, encontrar una respuesta
y, por supuesto, planear lo que vamos a hacer al día siguiente o esta misma noche…
En definitiva, procurar que el mal rato pasado se quede en el pasado. Y seguir
adelante.
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