sábado, 30 de diciembre de 2017

Sigue la infección, sigue el desaliento

Nada, que no se va. Nuevo análisis de orina, nuevo bicho. El médico de cabecera ya no sabe qué hacer, la remite a la uróloga. La uróloga le dijo en tiempos que, si no había síntomas, no era necesario tratar la infección. Pero ¿qué síntomas?; ¿qué hay que entender como síntomas causados por la infección en una enfermedad como esta que tiene tantos y tan variados?; ¿cómo saber si la exacerbación de un síntoma en concreto se debe a la infección o a otra cosa? Preguntas para las que no te dan una respuesta, para las que no tienen una respuesta. Los médicos de cabecera están superados por esta enfermedad. Los urólogos solo se ocupan de lo que afecta a su área: retención de orina o todo lo contrario, vejiga neurógena, esfínteres dañados… Los neurólogos se ocupan hasta donde pueden llegar, que no es mucho, la verdad: medicamentos, tratamientos medicamentosos, probaturas de nuevas cosas que van surgiendo…, pero si no mejoras, pues no mejoras. Una cosa arreglada, dos estropeadas. La visión global, transversal, que hace falta en esta enfermedad no aparece por ningún lado. Al final, es el propio paciente el que debe saber cómo tratarse.

Cuando supo que el bicho seguía presente, se dijo: “¡Lo tengo que matar!”. Para cenar me pidió que le partiera una cebolla en juliana y se comió unos cuantos trozos. Era un cebolla dulce, supuestamente, pero casi se le caían las lágrimas al comerla. Dice que comer cebolla ayuda a matar esos bichos, pero… Veremos.

Hoy estoy un poco de bajón, así que me ha salido un texto acorde. ¡¿Será que se acaba el año?!


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