jueves, 3 de agosto de 2017

Con silla de ruedas en casa

Desde hace un par de semanas se mueve por casa en silla de ruedas. Hasta ese momento, la rigidez muscular (espasticidad) todavía le permitía caminar. Mal, porque tenía que apoyarse en los muebles y en las paredes (los bastones nunca le han gustado y apenas los utiliza), pero podía caminar por casa. Ahora, ya le cuesta más, y la mayor parte de las veces se desplaza con la silla. ¿A qué se debe el cambio? Ha dejado de tomar un medicamento que le mejoraba la espasticidad, pero que, por desgracia, tenía como efecto secundario que le producía infecciones urinarias. Y las infecciones urinarias, a su vez, le acrecentaban la rigidez en las piernas y le producían calambres y dolores. Lo típico de los tratamientos medicamentosos: te mejoran por un lado y te empeoran por el otro. Y más en una enfermedad como la esclerosis múltiple, cuyos tratamientos no son infalibles ni mucho menos.

En definitiva, que ahora suele moverse con la silla. Por suerte, la casa no está del todo mal para una silla de ruedas. Años atrás, cuando la compramos fue porque mi suegro acababa de tener un ictus, que, entre otras cosas, le había dejado paralizado de la mitad derecha del cuerpo, y se iba a venir a vivir con nosotros. Compramos el piso y lo adaptamos para él: dormitorio grande, con el paso de la puerta más ancho de lo normal; baño grande, con ducha a ras de suelo; puertas correderas, pasos amplios… Digamos que procuramos adecuar los espacios por los que él iba a moverse en silla de ruedas. Otros espacios se quedaron igual: la cocina, nuestro dormitorio, otro baño… Por eso digo que la casa no está del todo mal, pero tampoco está totalmente adaptada para moverse tranquilamente con una silla de ruedas. Si la espasticidad continúa igual o va a más, habrá que pensar en otros cambios: mover algún mueble, quitar algún otro… Ya veremos.

La silla que usa es del tipo autopropulsable, de esas que tienen ruedas grandes, como de bicicleta, con un aro de aluminio para propulsarse con las manos. Son muy grandes, muy anchas y, por lo tanto, poco adecuadas para casa. Pero por el momento es la solución que tenemos. Habrá que ir pensando en hacerse con una silla más estrecha… y mucho mejor si es eléctrica. Mientras tanto, como me dijo ella hace un par de días, la silla manual le servirá para coger un poco de tono muscular en los brazos. ¡No hay mal que por bien no venga!



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