En la entrada anterior, hablaba de que a mí me cuesta aceptar las
decisiones que ella toma cuando no estoy de acuerdo con ellas, cuando me parece
de cajón que se está equivocando. Pero, yo soy yo y ella es ella. Ella es la
que lleva encima la esclerosis múltiple y la que batalla con la enfermedad
todos los días. Y yo no. Yo estoy para apoyarla, acompañarla, ayudarla y tratar
de hacerle la vida más fácil y llevadera. Puedo darle mi punto de vista, puedo
intentar que comprenda mis argumentos, puedo anticiparle otra clase de
solución, puedo hacer todo lo que esté en mi mano para hacerle ver lo que yo
considero un error… pero debo respetar su autonomía de pensamiento y su
libertad de decisión. Es algo que me ha costado un mundo comprender; es algo
que he tenido que ir aprendiendo por el camino: darle ayuda solo cuando la necesita,
no cuando yo pienso que la necesita.
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