lunes, 7 de agosto de 2017

Muerte en vida

Los medios de comunicación se han hecho eco de la muerte de un enfermo de esclerosis múltiple que había peleado por que le aplicaran el suicidio asistido, la eutanasia o lo que fuera. Explican que estaba paralizado de cuello para abajo, que padecía muchos dolores y que quería dejar de sufrir. No obtuvo ningún resultado su lucha, claro. En la España actual, uno no puede dejar de vivir, si no puede matarse uno mismo.

Hace diez años que el hombre tenía esclerosis múltiple ‘progresiva primaria’; es decir, desde el principio, la enfermedad estuvo progresando constantemente sin que hubiera episodios de remisión de los síntomas. La esclerosis múltiple puede manifestarse también de otras formas. Cuando se producen recaídas y remisiones, la llaman ‘recurrente remitente’: tras un brote, los síntomas disminuyen o, incluso, pueden llegar a desaparecer durante un tiempo… hasta que se produce un nuevo brote con los mismos síntomas u otros diferentes. En muchos casos de esclerosis múltiple recurrente remitente, la enfermedad cambia con el paso de los años y se convierte en ‘progresiva secundaria’; es decir, comienza a progresar lentamente sin que haya ya remisión o recuperación de los síntomas.

Estas denominaciones son útiles para los médicos: con dos palabras describen la fase de la enfermedad en la que se encuentra el paciente. Pero también son útiles para los pacientes y allegados: saber diferenciar las distintas formas de la enfermedad y conocer lo que puede deparar el futuro permite ir anticipando cosas.

Mi mujer empezó con esclerosis múltiple recurrente remitente y, tras muchos años (unos 25, si contamos desde el primer episodio que tuvo; unos 20, si contamos desde el diagnóstico definitivo), ha pasado a progresiva secundaria. ¿Quiere eso decir que, como mucho, 10 años es lo que le queda de vida? ¿Ahora que la enfermedad se ha convertido en progresiva, la evolución será como la del hombre de las noticias: 10 años? La llaman la enfermedad de las mil caras, porque la esclerosis múltiple es diferente en cada paciente. Ahora bien, uno no puede dejar de inquietarse… aunque haga lo posible por no mostrarlo. Confiemos en eso de las mil caras y en que la cara que le haya tocado a mi mujer lleve una buena sonrisa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario