domingo, 20 de agosto de 2017

Unos taburetes

Le cuesta mantenerse en pie haciendo algo, tanto si es lavarse las manos o cepillarse los dientes en el lavabo como si es fregar un plato o enjuagar una taza en la cocina. Puede mantenerse erguida un ratito, pero enseguida ves que empiezan a doblársele las rodillas y acaba por no poder moverse mucho. Así que hace ya tiempo que un taburete con respaldo que teníamos en la cocina para desayunar lo usa también para cuando cocina. Pero resulta un poco bajo. Tiene respaldo y eso permite que ella permanezca sentada cómodamente, sin que sufra la espalda, pero es un poco bajo. Cuando tiene que remover la cazuela o mirar dentro cómo va la cocción, tiene que incorporarse… y vuelta a empezar.

Así que hace poco nos hemos hecho con un par de taburetes de esos de barra de bar: un poco más altos, con asiento cuadradote, sin respaldo, de madera maciza, con cuatro patas rectas y fornidas. Pesa un poco para que ella pueda moverlo con comodidad, pero, al mismo tiempo, es difícil que se tambalee y pueda caerse. Por ahora los hemos puesto uno en cada cuarto de baño y seguimos con el que tiene respaldo en la cocina. Los utilizo incluso yo: al cepillarme los dientes, arrimo el taburete y apoyo el trasero en él. Y ese par de minutos que estás ahí, ante el lavabo, no los pasas de pie y así es menos cansado.


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