Le cuesta mantenerse en pie haciendo algo, tanto si es lavarse las manos o
cepillarse los dientes en el lavabo como si es fregar un plato o enjuagar una
taza en la cocina. Puede mantenerse erguida un ratito, pero enseguida ves que
empiezan a doblársele las rodillas y acaba por no poder moverse mucho. Así que
hace ya tiempo que un taburete con respaldo que teníamos en la cocina para
desayunar lo usa también para cuando cocina. Pero resulta un poco bajo. Tiene
respaldo y eso permite que ella permanezca sentada cómodamente, sin que sufra
la espalda, pero es un poco bajo. Cuando tiene que remover la cazuela o mirar
dentro cómo va la cocción, tiene que incorporarse… y vuelta a empezar.
Así que hace poco nos hemos hecho con un par de taburetes de esos de barra
de bar: un poco más altos, con asiento cuadradote, sin respaldo, de madera
maciza, con cuatro patas rectas y fornidas. Pesa un poco para que ella pueda
moverlo con comodidad, pero, al mismo tiempo, es difícil que se tambalee y
pueda caerse. Por ahora los hemos puesto uno en cada cuarto de baño y seguimos
con el que tiene respaldo en la cocina. Los utilizo incluso yo: al cepillarme
los dientes, arrimo el taburete y apoyo el trasero en él. Y ese par de minutos
que estás ahí, ante el lavabo, no los pasas de pie y así es menos cansado.
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